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El monstruo

Yo estaba en el bar,
entró un hombre corriente,
se sentó enfrente,
le miré distraída pensando en mis cosas,
-¡me espanté!-
tenía cara de no haber dicho “te quiero” en toda su vida.

Gloria Fuertes

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Un Dios pequeño y juguetón

Quisiera ser aquel dios que te dibujó los lunares,

un dios pequeño y juguetón

pintando miles de puntitos en tu piel.

 

Me gustan tus lunares,

me gusta contarlos como si fueran estrellas.

Encontrarme cada día con uno nuevo,

como si fuera un astrónomo que halla una supernova,

escondida en algún lugar recóndito de tu espalda

o bajo tus pechos.

 

Me gusta recorrer tu piel con mi mano,

seguir las líneas invisibles

que se van creando entre los planetas.

Muy poco a poco, como el telescopio más preciso.

 

Tú dices que no te gustan,

que quisieras no tener ningún lunar,

tener una piel blanca y lisa.

Pero qué sería entonces de mí,

marino sin rumbo en la noche cerrada.

 

Recuerdo que te pedí un lunar

La noche que nos conocimos.

Aquel que tienes junto al ojo.

Me bastaba esa pequeña Ítaca

para construir en ella mi casa.

Y tú, generosa, dijiste:

serán todos para ti,

si adivinas cuantos tengo en total.

 

Quisiera ser aquel dios que te dibujó los lunares,

un dios pequeño y juguetón.

Y besar tus lunares cada noche,

Con cuidado, con mucho cuidado,

para que no se despeguen.

 

Kirmen Uribe

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Libre te quiero

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo

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Hidratante Olivia

«Todo lo que he amado lo he amado solo».
Edgar Allan Poe

Hidratante Olivia,

voy a hacerte el amor sobre un árbol

o más arriba, como lo hace el lento

pájaro de la sombra

y lo hace el ligero astronauta.

Esta noche

voy a dejar abierto el cielo en todas

sus negras dimensiones para que huyas

conmigo hacia los márgenes del mundo.

 

Hidratante Olivia,

sabes que no vendré en un Audi gris

con asientos de piel de color beige

ni montado en un gran caballo blanco,

pero esta noche –escúchame bien– voy

a dejar una nota de advertencia

en la puerta del alto cielo para

que a nadie se le ocurra molestarnos.

Diego Alvarez Miguel